RAÍCES DE CAMBIO | CAMBIO CLIMÁTICO, RESILIENCIA Y GESTIÓN DEL RIESGO
Análisis de la evolución del fenómeno, sus posibles impactos sobre la sequía, los recursos hídricos y la seguridad alimentaria, y los desafíos para la gestión anticipatoria del riesgo.
Fecha de publicación: 22 de septiembre de 2026 | Ámbito geográfico: El Salvador y el Corredor Seco Centroamericano.

El fenómeno El Niño 2026–2027 plantea un desafío que va más allá del comportamiento de las temperaturas del océano Pacífico. Para El Salvador, su importancia radica en cómo las alteraciones del régimen de lluvias pueden transmitirse hacia la producción agrícola, la disponibilidad de agua, los ingresos rurales y la seguridad alimentaria de los hogares.
Un episodio climático intenso no produce necesariamente una crisis de igual magnitud en todos los territorios. Sus consecuencias dependen de las condiciones locales, la exposición de los sistemas productivos, la vulnerabilidad de la población y la capacidad de respuesta de las instituciones.
Por ello, anticipar los impactos de El Niño exige conectar el monitoreo climático con la evaluación de los medios de vida y las decisiones de gestión del riesgo.
La pregunta estratégica no es únicamente cuánto se calentará el Pacífico, sino qué hogares podrían perder su capacidad de producir, generar ingresos y acceder a alimentos, en qué territorios y bajo qué condiciones.
Este artículo examina los mecanismos físicos del fenómeno, sus implicaciones para El Salvador y las prioridades de monitoreo y acción anticipatoria, diferenciando la evidencia disponible de los escenarios de riesgo que requieren seguimiento.
1. ¿Qué está ocurriendo en el océano Pacífico?
El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno climático caracterizado por la interacción entre las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial y la circulación atmosférica tropical.
En condiciones normales, los vientos alisios favorecen la acumulación de aguas cálidas en el Pacífico occidental y el ascenso de aguas relativamente frías en el Pacífico oriental.
Durante El Niño, el debilitamiento de estos vientos facilita el desplazamiento de aguas cálidas hacia el centro y el este del océano. Este proceso modifica la profundidad de la termoclina, reduce el afloramiento de aguas frías en determinadas regiones y altera la distribución de la convección atmosférica.
La interacción entre el calentamiento oceánico y los cambios en la circulación atmosférica puede reforzar el desarrollo del fenómeno mediante un mecanismo conocido como retroalimentación de Bjerknes.
1.1. El calentamiento observado en 2026
El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el 10 de septiembre de 2026 que El Niño continúa fortaleciéndose.
El diagnóstico correspondiente a agosto reportó las siguientes anomalías de temperatura superficial del mar:
| Región del Pacífico ecuatorial | Anomalía térmica |
|---|---|
| Niño 4 | +0,1 °C |
| Niño 3.4 | +1,8 °C |
| Niño 3 | +2,5 °C |
| Niño 1+2 | +3,4 °C |
La NOAA también identificó anomalías térmicas subsuperficiales superiores a +10 °C en determinadas áreas del Pacífico ecuatorial y una termoclina más profunda que el promedio.
Climate Prediction Center
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Estos datos indican una importante acumulación de calor oceánico, aunque es necesario distinguir entre el calentamiento de la superficie y las anomalías registradas a mayor profundidad.
Una anomalía subsuperficial superior a +10 °C no significa que toda la superficie del Pacífico se haya calentado en esa magnitud.
Esta precisión es fundamental para interpretar correctamente la intensidad del episodio.
1.2. ¿Qué tan intenso podría llegar a ser El Niño?
El pronóstico de NOAA del 10 de septiembre establece una probabilidad superior al 90 % de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026–2027.
Climate Prediction Center
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Por su parte, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre que El Niño se encuentra firmemente establecido y que los pronósticos indican una probabilidad cercana al 100 % de que persista hasta febrero de 2027.
World Meteorological Organization
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Estas perspectivas justifican reforzar las medidas de preparación ante posibles alteraciones climáticas.
Sin embargo, existe una distinción esencial: la intensidad oceánica de El Niño no determina automáticamente la magnitud de sus impactos en cada país.
Un episodio muy fuerte puede generar consecuencias diferentes entre regiones e incluso entre municipios de un mismo territorio.
Su impacto depende también de otros factores atmosféricos, de las características geográficas locales y de las condiciones de vulnerabilidad existentes.
2. ¿Cómo puede afectar El Niño al clima de El Salvador?
El calentamiento del Pacífico ecuatorial modifica la circulación atmosférica tropical y puede alterar los patrones de precipitación en regiones alejadas del océano donde se origina el fenómeno.
Estas relaciones se conocen como teleconexiones climáticas.
En Centroamérica, la fase cálida del ENOS se asocia históricamente con una mayor probabilidad de disminución de las precipitaciones durante determinados períodos de la estación lluviosa.
Esta condición puede manifestarse mediante el retraso de las lluvias, la prolongación de la canícula o la ocurrencia de períodos secos durante etapas críticas del desarrollo agrícola.
No obstante, El Niño no es el único factor que determina el comportamiento de las precipitaciones en El Salvador.
La posición de la Zona de Convergencia Intertropical, las condiciones del océano Atlántico y el mar Caribe, las ondas tropicales y otros sistemas meteorológicos regionales también influyen sobre el régimen de lluvias.
Por ello, el monitoreo nacional debe integrar los pronósticos del ENOS con las observaciones meteorológicas y las perspectivas climáticas emitidas por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).
2.1. El Corredor Seco Centroamericano: una región particularmente expuesta

l Corredor Seco Centroamericano comprende territorios de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua que presentan condiciones climáticas y socioeconómicas de particular sensibilidad frente a la irregularidad de las lluvias.
En estas zonas, numerosos sistemas de producción de granos básicos dependen directamente de la precipitación.
Los períodos secos prolongados pueden comprometer el establecimiento de los cultivos y reducir su rendimiento cuando coinciden con fases de elevada demanda hídrica.
Sin embargo, la exposición climática no debe confundirse con la vulnerabilidad de los hogares.
La magnitud de las consecuencias dependerá de las condiciones del suelo, las prácticas agronómicas, el acceso al agua, la diversificación de ingresos, las reservas alimentarias y la capacidad de recuperación de las familias.
Un mismo episodio de sequía puede provocar pérdidas recuperables en algunos hogares y un deterioro más profundo de los medios de vida en otros.
3. El Salvador: la sequía de 2026 y sus implicaciones para la agricultura
La evolución de El Niño durante 2026 coincide con períodos prolongados de ausencia de precipitaciones en distintas zonas del territorio salvadoreño.
La perspectiva climática nacional del MARN para mayo–agosto de 2026 ya advertía sobre una mayor probabilidad de reducción de lluvias y períodos secos prolongados, particularmente en el oriente del país y en los territorios del Corredor Seco.
rev-MAYO 26_Actualizacion Pespectivas.docx
Posteriormente, el 25 de agosto de 2026, la Dirección General de Protección Civil emitió una declaratoria de alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio nacional.
La resolución identificó condiciones de déficit e irregularidad de las precipitaciones, temperaturas elevadas y riesgos para la producción agropecuaria, la disponibilidad de agua y los medios de vida de la población.
Dirección General de Protección Civil
La declaratoria constituye una señal institucional relevante sobre la necesidad de fortalecer las acciones de preparación y respuesta. No significa, por sí misma, que todos los municipios o todos los hogares hayan experimentado daños de igual magnitud.
3.1. De la sequía meteorológica a la sequía agrícola
Una sequía meteorológica se produce cuando las precipitaciones son anormalmente bajas durante un período determinado.
Sin embargo, la ausencia de lluvia no se traduce necesariamente en pérdidas agrícolas inmediatas.
La sequía agrícola aparece cuando la disponibilidad de agua en el suelo resulta insuficiente para satisfacer las necesidades de los cultivos.
Su severidad depende de la duración del período seco, las características del suelo, la temperatura, la etapa de desarrollo de las plantas y las prácticas de manejo utilizadas.
Para comprender el riesgo agrícola, es necesario establecer una relación entre tres variables:
Duración del período seco + humedad disponible en el suelo + fase de desarrollo del cultivo.
Por ejemplo, un período de escasez de lluvia puede tener consecuencias limitadas cuando el suelo conserva suficiente humedad.
En cambio, el mismo período seco puede ocasionar pérdidas importantes si coincide con la floración del maíz o con la formación de vainas del frijol, especialmente en parcelas con baja capacidad de retención de agua.
Esta diferenciación permite avanzar desde una alerta climática general hacia una evaluación más precisa del riesgo productivo.
3.2. ¿Qué puede ocurrir con las siembras de primera y postrera?
Las alteraciones del régimen de lluvias pueden afectar las siembras de primera y postrera mediante mecanismos diferentes.
En la primera, los períodos secos prolongados pueden provocar estrés hídrico, disminución de rendimientos y pérdidas parciales o totales, dependiendo de la etapa fenológica y de las condiciones de cada parcela.
En la postrera, el riesgo puede estar asociado a la insuficiente humedad del suelo al momento de la siembra, la irregularidad de las precipitaciones durante el desarrollo del cultivo y la reducción de la ventana disponible antes del establecimiento de la estación seca.
La perspectiva del MARN citada por Protección Civil prevé que la transición hacia la época seca ocurra durante la segunda quincena de octubre, con su establecimiento pleno hacia finales de ese mes o comienzos de noviembre de 2026.
Dirección General de Protección Civil
Esta información debe considerarse en la planificación agrícola, especialmente para evaluar las condiciones de humedad y las necesidades hídricas de los cultivos que todavía se encuentren en desarrollo.
No obstante, sería incorrecto deducir porcentajes nacionales de pérdida de cosechas únicamente a partir de los pronósticos climáticos.
Es necesario disponer de información sobre superficie efectivamente afectada, rendimientos observados, fechas de siembra y evaluaciones territoriales de daños.
Una sequía meteorológica es una señal de amenaza. Para determinar su impacto real sobre la agricultura es necesario investigar qué ocurrió en las parcelas y cómo afectó la economía de los hogares productores.
4. Recursos hídricos: el riesgo de que la sequía se convierta en escasez de agua
La reducción prolongada de las precipitaciones puede afectar los recursos hídricos superficiales y subterráneos mediante la disminución de la escorrentía, la recarga de acuíferos y los aportes hacia ríos y embalses.
Sin embargo, la respuesta hidrológica depende de las características de cada cuenca y de las condiciones acumuladas durante los meses anteriores.
Una reducción de las precipitaciones no implica automáticamente una disminución proporcional de los caudales.
La humedad antecedente del suelo, la cobertura vegetal, las propiedades geológicas y los usos del agua influyen sobre la respuesta de los sistemas hidrológicos.
4.1. La cuenca del río Lempa y la vulnerabilidad hídrica

La cuenca del río Lempa tiene una importancia estratégica para El Salvador por sus funciones en el abastecimiento de agua, la generación hidroeléctrica, la agricultura y el mantenimiento de los ecosistemas.
Durante períodos prolongados de déficit de lluvia, pueden producirse reducciones en los aportes hídricos y dificultades para recuperar los niveles de almacenamiento de los embalses.
Estas condiciones también pueden modificar las posibilidades de generación hidroeléctrica.
No obstante, para determinar si tales impactos se están manifestando durante 2026 es necesario analizar los registros oficiales de caudales, niveles de embalses, aportes hídricos y generación eléctrica.
La existencia de una sequía meteorológica no permite afirmar automáticamente que se ha producido una crisis hidroeléctrica o que aumentarán las tarifas eléctricas.
Estas consecuencias dependen también de las condiciones operativas, la disponibilidad de otras fuentes de generación y el funcionamiento del mercado eléctrico.
Desde una perspectiva de gestión del riesgo, la prioridad debería ser vincular los pronósticos climáticos con modelos de seguimiento hidrológico que permitan anticipar posibles restricciones de disponibilidad de agua.
5. Seguridad alimentaria: cuando la pérdida agrícola se convierte en un problema de acceso
Uno de los principales riesgos asociados a una sequía prolongada es su capacidad de afectar simultáneamente la producción agrícola y las condiciones económicas de los hogares.
Para las familias rurales que dependen de la agricultura de subsistencia, la reducción de las cosechas puede disminuir las reservas alimentarias disponibles para autoconsumo.
Para aquellas que comercializan parte de su producción, las pérdidas también pueden significar una reducción de ingresos y una menor capacidad para financiar el siguiente ciclo agrícola.
Los hogares que dependen del trabajo agrícola temporal pueden experimentar una disminución de oportunidades laborales cuando se reducen las actividades productivas.
De esta manera, las consecuencias de la sequía pueden extenderse más allá de los productores directamente afectados.
5.1. Disponibilidad nacional no significa acceso garantizado para todos los hogares
Es necesario distinguir entre la disponibilidad de alimentos en el mercado nacional y la capacidad económica de los hogares para adquirirlos.
El abastecimiento nacional puede mantenerse mediante producción interna, importaciones y existencias comerciales, mientras determinados hogares rurales experimentan dificultades para acceder a alimentos suficientes.
Un productor que pierde parte de su cosecha de maíz puede enfrentar simultáneamente dos problemas: una menor disponibilidad de grano para autoconsumo y una reducción de los ingresos que necesita para comprar alimentos y otros bienes esenciales.
En consecuencia, el análisis del impacto de El Niño no debería limitarse a estimar toneladas o quintales de producción perdidos.
También debe identificar cómo las pérdidas afectan las reservas alimentarias, los ingresos, la capacidad de compra y las estrategias de afrontamiento de los hogares.
Esta diferenciación es esencial para evitar que un balance favorable de abastecimiento nacional oculte situaciones de vulnerabilidad local.
5.2. El deterioro de los medios de vida puede comenzar antes de una crisis alimentaria
Una familia puede mantener temporalmente su consumo alimentario mediante el uso de ahorros, la venta de activos, la contratación de deuda o la reducción de otros gastos esenciales.
Estas estrategias pueden evitar un deterioro inmediato del consumo, pero también debilitar su capacidad de recuperación.
Por ejemplo, la venta de animales, herramientas o insumos productivos puede permitir cubrir necesidades urgentes, a costa de reducir las posibilidades de generar ingresos en los meses siguientes.
Por ello, el seguimiento de los hogares no debería limitarse al consumo alimentario.
También es necesario identificar cambios en los ingresos, las deudas, los activos productivos y la capacidad de financiar futuras actividades económicas.
El deterioro de los medios de vida puede estar avanzando incluso cuando los indicadores de consumo alimentario todavía no muestran una situación crítica.
Esta es una de las razones por las que resulta necesario fortalecer los sistemas de monitoreo socioeconómico asociados a las alertas climáticas.
6. Del monitoreo climático al monitoreo del deterioro de los medios de vida
Los sistemas de alerta temprana tradicionales proporcionan información indispensable sobre amenazas meteorológicas e hidrológicas.
Sin embargo, conocer el número de días secos consecutivos, el déficit acumulado de lluvia o el nivel de humedad del suelo no permite determinar, por sí solo, qué hogares están perdiendo su capacidad de recuperación.
Para responder esta pregunta es necesario complementar el monitoreo climático con información socioeconómica y productiva.
Una alternativa es desarrollar un Índice de Deterioro de Medios de Vida (IDMV) que permita identificar cambios acumulativos en las condiciones de subsistencia de los hogares expuestos a amenazas climáticas.
6.1. ¿Qué debería medir un índice de deterioro de medios de vida?
El IDMV se plantea como una herramienta para identificar y monitorear señales de deterioro en cinco dimensiones complementarias.
| Dimensión | Variables de seguimiento |
|---|---|
| Capacidad productiva | Pérdidas agrícolas, reducción de rendimientos, disponibilidad de insumos y continuidad de las actividades productivas. |
| Ingresos y capacidad económica | Reducción de ingresos, endeudamiento, liquidez y capacidad para cubrir gastos esenciales. |
| Seguridad alimentaria | Reservas alimentarias, acceso económico a alimentos y cambios en el consumo. |
| Activos y recursos esenciales | Venta o pérdida de activos productivos, acceso al agua y disponibilidad de recursos para sostener las actividades económicas. |
| Capacidad de recuperación | Disponibilidad de ahorros, fuentes alternativas de ingresos, redes de apoyo y estrategias de afrontamiento. |
El propósito del índice sería contribuir a identificar hogares cuyos medios de vida muestran un deterioro progresivo, incluso antes de que se manifiesten consecuencias más graves.
Su aplicación permitiría complementar la información sobre exposición climática con evidencia relacionada con las condiciones económicas y productivas de las familias.
No obstante, para utilizarlo operativamente es necesario desarrollar y validar su metodología, establecer indicadores observables, definir escalas de medición y determinar criterios para interpretar los resultados.
El IDMV constituye una propuesta conceptual de monitoreo y no un instrumento que ya disponga de umbrales validados para clasificar hogares.
Tampoco sustituye las metodologías oficiales de evaluación y clasificación de la inseguridad alimentaria.
6.2. De la identificación de amenazas a la focalización de intervenciones
La utilidad de integrar información climática y socioeconómica radica en la posibilidad de diferenciar las condiciones de riesgo entre territorios y hogares.
Por ejemplo, dos comunidades pueden registrar períodos de sequía similares, pero presentar necesidades de respuesta diferentes debido a sus características productivas, el acceso al agua y la disponibilidad de fuentes alternativas de ingreso.
Una comunidad con sistemas de riego y actividades económicas diversificadas podría contar con mayores alternativas de respuesta que otra donde predominan hogares dependientes de una única cosecha.
Estas diferencias deben investigarse y verificarse mediante información territorial.
La focalización de intervenciones no debería depender exclusivamente de la intensidad de la amenaza climática, sino también de las condiciones de vulnerabilidad y del deterioro efectivamente observado en los medios de vida.
7. Gestión anticipatoria: actuar antes de que el deterioro se vuelva irreversible
La respuesta frente a El Niño requiere superar un modelo de intervención centrado exclusivamente en atender pérdidas una vez que estas se han producido.
Las perspectivas climáticas permiten identificar amenazas con anticipación, pero su utilidad depende de la capacidad institucional para convertirlas en decisiones oportunas.
Esto exige relacionar la información meteorológica con las condiciones de los cultivos, los recursos hídricos y los medios de vida de la población.
Desde esta perspectiva, se proponen cinco líneas de acción.
7.1. Integrar los sistemas de información climática, agrícola y socioeconómica
El monitoreo debe vincular los pronósticos estacionales con los registros nacionales de precipitación, humedad del suelo, estado de los cultivos y disponibilidad de agua.
Esta información debería complementarse con datos sobre ingresos, reservas alimentarias, pérdidas productivas y capacidad de recuperación de los hogares.
La integración permitiría identificar territorios donde las amenazas climáticas coinciden con mayores condiciones de vulnerabilidad.
7.2. Establecer umbrales para activar medidas anticipatorias
Las alertas deben vincularse con criterios operativos que permitan determinar cuándo es necesario realizar evaluaciones de campo o activar determinadas intervenciones.
Por ejemplo, la combinación de períodos secos prolongados, insuficiente humedad del suelo y presencia de cultivos en etapas críticas podría justificar la activación de evaluaciones rápidas de daños y necesidades.
Los umbrales deben definirse con base en información histórica, criterios agronómicos y validación territorial.
Una misma cantidad de días sin lluvia no necesariamente genera consecuencias equivalentes en todos los sistemas productivos.
7.3. Diferenciar la respuesta según las condiciones de los hogares
Las intervenciones deberían responder al tipo y magnitud del deterioro identificado.
En algunos hogares, las medidas de apoyo agronómico y recuperación productiva pueden ser suficientes para reducir pérdidas futuras.
En otros, la prioridad podría ser proteger las reservas alimentarias, sostener temporalmente los ingresos o evitar la venta de activos productivos esenciales.
La selección de intervenciones debe basarse en diagnósticos que permitan comprender tanto las consecuencias inmediatas como los riesgos de deterioro acumulativo.
7.4. Fortalecer la coordinación institucional
La gestión anticipatoria requiere mecanismos de intercambio de información entre las instituciones responsables del monitoreo climático, la agricultura, los recursos hídricos, la protección civil y la asistencia social.
La información debe llegar oportunamente a quienes toman decisiones y a las comunidades que podrían resultar afectadas.
La existencia de pronósticos y boletines técnicos no garantiza, por sí sola, que se adopten medidas preventivas.
Es necesario establecer responsabilidades, mecanismos de coordinación y procedimientos para transformar las alertas en acciones concretas.
7.5. Incorporar investigación y aprendizaje durante la respuesta
El monitoreo puede identificar una pérdida productiva, pero no necesariamente explicar sus causas.
Por ejemplo, dos comunidades expuestas a períodos secos similares pueden presentar diferencias importantes en sus resultados agrícolas.
Estas diferencias podrían estar relacionadas con el tipo de suelo, las prácticas agronómicas, el acceso al agua, el momento de siembra o las capacidades económicas de los productores.
Investigar estas condiciones permite comprender por qué determinadas medidas funcionan en algunos territorios y no en otros.
La gestión adaptativa debe utilizar estos hallazgos para modificar las intervenciones mientras todavía existe oportunidad de reducir pérdidas y proteger los medios de vida.
8. ¿Qué debería monitorear El Salvador durante los próximos meses?
El seguimiento del episodio de El Niño 2026–2027 requiere un sistema de información que permita conectar la evolución del fenómeno con sus consecuencias territoriales y socioeconómicas.
La siguiente matriz propone un conjunto de indicadores que podrían orientar el monitoreo.
| Componente | Indicadores prioritarios | Fuentes potenciales |
|---|---|---|
| Evolución del ENOS | Anomalías térmicas del Pacífico, RONI y perspectivas estacionales. | NOAA y OMM. |
| Sequía meteorológica | Días secos consecutivos y anomalías de precipitación. | MARN. |
| Sequía agrícola | Humedad del suelo, estado fenológico y superficie afectada. | MARN, MAG y CENTA. |
| Recursos hídricos | Caudales, niveles de embalses y disponibilidad de agua. | MARN, CEL y ANDA. |
| Producción agrícola | Pérdidas productivas, rendimientos y condiciones de las siembras. | MAG y evaluaciones territoriales. |
| Seguridad alimentaria | Reservas, consumo, ingresos y capacidad de adquisición de alimentos. | Evaluaciones de seguridad alimentaria y encuestas de hogares. |
| Medios de vida | Activos productivos, endeudamiento y capacidad de recuperación. | Encuestas y sistemas de monitoreo socioeconómico. |
La integración de estos indicadores permitiría estructurar el análisis en tres niveles:
Primer nivel: amenaza climática. Identificar dónde se están manifestando condiciones meteorológicas que pueden afectar los sistemas productivos y los recursos hídricos.
Segundo nivel: exposición y vulnerabilidad. Determinar qué territorios y hogares presentan mayores condiciones de exposición y menor capacidad de respuesta.
Tercer nivel: deterioro de los medios de vida. Establecer dónde se están produciendo pérdidas, reducción de ingresos, agotamiento de reservas o disminución de la capacidad de recuperación.
Esta aproximación permitiría distinguir entre territorios que enfrentan una amenaza potencial y aquellos donde el deterioro socioeconómico ya está ocurriendo.
También facilitaría orientar las decisiones hacia intervenciones diferenciadas, proporcionales a las necesidades identificadas.
9. Conclusión: el desafío es anticipar el deterioro, no solamente pronosticar el fenómeno
La evolución de El Niño durante 2026 muestra un fortalecimiento significativo de las condiciones cálidas en el Pacífico ecuatorial, con perspectivas de intensificación durante los próximos meses.
Para El Salvador, estas condiciones justifican reforzar el monitoreo climático, agrícola e hidrológico, así como los mecanismos de preparación frente a posibles consecuencias sobre la producción, los recursos hídricos y la seguridad alimentaria.
Sin embargo, la magnitud de las anomalías oceánicas no permite determinar automáticamente la intensidad de los impactos socioeconómicos sobre el territorio nacional.
Las consecuencias dependerán de las condiciones climáticas locales, las características de los sistemas productivos, el acceso a recursos y las capacidades de respuesta de los hogares y las instituciones.
Por ello, el seguimiento del fenómeno debe avanzar más allá de los indicadores meteorológicos.
Es necesario identificar cuándo las alteraciones climáticas comienzan a afectar la producción, los ingresos, las reservas alimentarias y la capacidad de recuperación de la población.
El valor de los sistemas de alerta temprana no debería medirse únicamente por su capacidad para anticipar anomalías climáticas, sino también por su contribución a decisiones que permitan reducir pérdidas y proteger los medios de vida.
El verdadero desafío para El Salvador no es únicamente pronosticar cuándo faltará la lluvia. Es identificar cuándo esa falta de lluvia comenzará a comprometer la capacidad de los hogares para producir, alimentarse y recuperar sus medios de vida, y actuar antes de que el deterioro sea más difícil de revertir.
Fuentes y referencias técnicas
Las siguientes fuentes permiten consultar los diagnósticos climáticos y documentos institucionales utilizados para elaborar el artículo.
NOAA / Centro de Predicción Climática (2026)
Discusión diagnóstica del ENOS, 10 de septiembre de 2026. Información sobre anomalías oceánicas, evolución de El Niño y perspectivas de intensidad.
Consultar el boletín oficial en español .
Organización Meteorológica Mundial (2026)
Actualización de El Niño/La Niña, 3 de septiembre de 2026. Perspectivas de persistencia e intensificación del fenómeno.
Consultar actualización oficial .
Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador (2026)
Perspectiva nacional del clima mayo–agosto de 2026, actualización. Pronósticos sobre precipitación, canícula y períodos secos.
Consultar documento técnico del MARN .
Dirección General de Protección Civil de El Salvador (2026)
Declaratoria de alerta roja por sequía meteorológica y agrícola, 25 de agosto de 2026.
Consultar declaratoria oficial .
Referencias científicas complementarias
Bjerknes, J. (1969). Atmospheric teleconnections from the equatorial Pacific. Monthly Weather Review, 97(3), 163–172.
Philander, S. G. (1990). El Niño, La Niña, and the Southern Oscillation. Academic Press.
Timmermann, A., et al. (2018). El Niño–Southern Oscillation complexity. Nature, 559, 535–545.
Nota metodológica: este artículo diferencia los datos climáticos observados, los pronósticos estacionales y los escenarios de riesgo. Las posibles consecuencias socioeconómicas descritas no constituyen estimaciones de pérdidas nacionales ni una clasificación oficial de hogares afectados. La propuesta de IDMV requiere desarrollo metodológico y validación antes de utilizarse como instrumento operativo de focalización.