Por Raíces de Cambio | Actualización al 7 de septiembre de 2026

El Salvador atraviesa un escenario climático que exige pasar de la reacción a la anticipación. Los períodos prolongados sin lluvia registrados durante 2026 han aumentado la presión sobre los cultivos, las fuentes de agua, los ingresos rurales y las reservas alimentarias de miles de familias.

El tercer período de sequía meteorológica se extendió del 7 de agosto al 3 de septiembre. Aunque las lluvias interrumpieron la racha seca y reiniciaron el conteo activo, esto no significa que los cultivos, los ingresos o las reservas familiares se hayan recuperado automáticamente.

La Dirección General de Protección Civil declaró el 25 de agosto una alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio nacional, con especial atención a las zonas del Corredor Seco y los territorios con mayor susceptibilidad a déficit hídrico y estrés agrícola. La declaratoria destacó los posibles impactos sobre la disponibilidad de agua, la producción agropecuaria, los medios de vida y la seguridad alimentaria. Consultar la declaratoria oficial.

Ante este contexto, Raíces de Cambio presenta una propuesta metodológica para identificar dónde se concentra el riesgo, qué población podría enfrentar mayores impactos y qué acciones deberían priorizarse.


Una metodología para anticipar, no para declarar daños

El modelo no pretende contar familias definitivamente afectadas. Su objetivo es construir escenarios razonables que apoyen la focalización, la planificación anticipada y la verificación rápida en los territorios.

La metodología combina tres capas:

  • Exposición climática (peso del 45 %): considera la ubicación en el Corredor Seco, la recurrencia de sequías, el déficit de lluvia y los días secos consecutivos.
  • Sensibilidad productiva (peso del 35 %): analiza la dependencia territorial de la agricultura de secano, los granos básicos, el jornaleo agrícola, la ganadería menor y otros medios de vida sensibles a la falta de lluvia.
  • Vulnerabilidad social (peso del 20 %): aproxima la ruralidad, el acceso limitado a agua, la dependencia económica, la composición familiar y la capacidad de los hogares para absorber pérdidas.

A estas capas se agrega una variable detonadora: los días secos consecutivos reportados por el MARN. La clasificación utilizada es:

  • Normal: entre 0 y 4 días secos consecutivos.
  • Sequía débil: entre 5 y 10 días.
  • Sequía moderada: entre 11 y 15 días.
  • Sequía fuerte: entre 16 y 20 días.
  • Sequía severa: 21 días o más.

El modelo diferencia el conteo activo de días secos y la huella máxima del episodio. Esta distinción es fundamental: una lluvia puede cerrar técnicamente una sequía meteorológica, pero no repone una cosecha perdida ni recupera inmediatamente las reservas alimentarias o los activos vendidos por una familia.

¿Cuánta población podría estar en riesgo?

La base territorial utilizada comprende los 44 municipios actuales y cubre 5,922,921 personas identificadas territorialmente por el Censo de Población y Vivienda 2024.

Los resultados del modelo son los siguientes:

Indicador Proyección
Población cubierta por el modelo 5,922,921
Población en riesgo en el escenario base 1,633,935
Hogares en riesgo en el escenario base 530,026
Población en el escenario de impacto residual 2,157,554
Hogares en el escenario de impacto residual 698,508
Incremento entre escenarios 523,619 personas
Incremento de hogares 168,482 hogares
Municipios clasificados con riesgo alto en el escenario del episodio 33
Municipios con señal fuerte o severa 10

Estas cifras son estimaciones para planificación. No representan personas que hayan perdido efectivamente sus cultivos ni un registro de potenciales beneficiarios.

La diferencia entre escenarios muestra cómo podría ampliarse la población que requiere seguimiento cuando se incorpora la intensidad máxima alcanzada por la sequía. Para confirmar la afectación es necesario verificar pérdidas agrícolas, disponibilidad de agua, ingresos, reservas de alimentos, endeudamiento y estrategias de afrontamiento.

¿Dónde se concentra el mayor riesgo?

La huella climática no fue homogénea. Los mayores conteos se registraron en estaciones de Santa Ana, San Vicente y La Unión, con valores de entre 24 y 27 días secos consecutivos. Los territorios que requieren mayor atención son:

Núcleos de intensidad severa

  • Santa Ana Norte: particularmente alrededor de Metapán y Planes de Montecristo.
  • San Vicente Sur: incluyendo el entorno de Santa Cruz Porrillo.
  • La Unión Sur: asociado a las estaciones de La Unión CORSAIN, La Cañada y sectores próximos al litoral.

La condición severa identificada en estos puntos no debe extrapolarse automáticamente a todo el departamento. La focalización debe bajar al nivel de distrito, cantón y comunidad.

Corredor Seco oriental

Los departamentos de Usulután, San Miguel, Morazán y La Unión combinan exposición climática con una alta dependencia de granos básicos de secano, jornaleo agrícola, ganadería menor y fuentes locales de agua. En estos territorios, una reducción de la cosecha puede afectar simultáneamente la alimentación familiar, los ingresos y la disponibilidad de semilla para el próximo ciclo.

Franja paracentral, norte y occidente

También requieren seguimiento inmediato:

  • La Paz Centro y Oeste.
  • San Vicente.
  • Chalatenango Norte.
  • Ahuachapán.
  • Cabañas.
  • Sectores rurales de Santa Ana.

En estas zonas deben verificarse el estado de los cultivos de Primera y Postrera, la humedad del suelo, la disponibilidad de agua, las oportunidades de empleo agrícola y las reservas de maíz y frijol.

Pequeños productores: el grupo más expuesto a impactos acumulativos

Las entregas públicas localizadas del V Censo Agropecuario y I de Pesca 2025 todavía no ofrecen un tabulado utilizable sobre productores de subsistencia por departamento. Por ello, el análisis utiliza como línea base el IV Censo Agropecuario 2007–2008.

Ese censo registró 325,044 pequeños productores, equivalentes al 82 % de los productores agropecuarios del país. La FAO los caracteriza como unidades de pequeña escala, orientadas principalmente al autoconsumo y a la venta de excedentes, generalmente con granos básicos, pocos animales y algún cultivo complementario. Consultar la caracterización de FAO.

Para aproximar el número de hogares se aplicó el supuesto de que cada pequeño productor representa un hogar productor. Este es un indicador operativo y no un conteo actualizado, ya que un hogar podría tener más de una persona productora. La superposición con el escenario climático arroja:

  • 111,491 hogares productores equivalentes en riesgo en el escenario base.
  • 132,771 hogares productores equivalentes potencialmente expuestos al episodio.
  • 21,280 hogares adicionales entre ambos escenarios.
  • 47,052 hogares potencialmente expuestos en Usulután, San Miguel, Morazán y La Unión.

Los mayores valores absolutos se concentran en San Miguel, La Unión, Usulután, Ahuachapán, La Libertad y Santa Ana.

¿Cómo puede afectar la sequía a estas familias?

Seguridad alimentaria

Una reducción de la producción de maíz, frijol, sorgo o arroz limita los alimentos disponibles para autoconsumo. Las familias deben comprar una mayor proporción de sus alimentos precisamente cuando sus ingresos agrícolas disminuyen. FEWS NET proyectó que entre junio y septiembre de 2026 la inseguridad alimentaria alcanzaría su punto máximo, con resultados generalizados de Estrés (Fase 2 de la CIF) y un aumento de hogares pobres en Crisis (Fase 3), principalmente en el Corredor Seco oriental y partes de occidente. Consultar la perspectiva de FEWS NET.

Reservas alimentarias

Una cosecha tardía o incompleta reduce la reposición de las reservas familiares. El hogar puede agotar antes sus existencias de maíz y frijol, prolongando la temporada de escasez y aumentando las compras a crédito.

Activos productivos

Para financiar alimentos, insumos o deudas, algunas familias pueden utilizar la semilla almacenada, vender animales, empeñar herramientas o reducir la superficie sembrada. Estas decisiones resuelven una necesidad inmediata, pero disminuyen la capacidad de recuperación para el siguiente ciclo agrícola.

Ingresos, empleo y endeudamiento

La caída de la producción afecta tanto a quienes cultivan su parcela como a quienes dependen del jornal agrícola. Menos oportunidades de trabajo, mayores costos de insumos y alimentos más caros pueden llevar a nuevos préstamos, compras fiadas o reducción de gastos esenciales.

Agua, salud y nutrición

La disminución de agua disponible afecta el consumo humano, la higiene, los animales y la producción de patio. La niñez menor de cinco años, las mujeres embarazadas o lactantes, las personas mayores y quienes viven con discapacidad o enfermedades crónicas enfrentan riesgos adicionales.

Capacidad de recuperación

Cuando los episodios secos se repiten, los hogares consumen sus ahorros, acumulan deuda y pierden activos. Cada nuevo choque encuentra a la familia con menos recursos para responder.


Recomendaciones para actuar anticipadamente

Acciones inmediatas

  • Realizar evaluaciones rápidas en Santa Ana Norte, San Vicente Sur y La Unión Sur, seguidas por Usulután, San Miguel, Morazán, La Paz y Chalatenango Norte.
  • Verificar por comunidad el estado de los cultivos, las fuentes de agua, los ingresos, las reservas alimentarias y las estrategias de afrontamiento.
  • Identificar hogares con menos de cuatro semanas de alimentos disponibles, pérdida o resiembra de cultivos, venta de animales, endeudamiento o reducción de comidas.
  • Preparar asistencia alimentaria o transferencias monetarias para los hogares donde se confirmen brechas de consumo.
  • Proteger semillas, animales, herramientas y otros activos esenciales para evitar una mayor descapitalización.

Durante los próximos 30 días

  • Integrar días secos, humedad del suelo, estado fenológico de los cultivos, precios de maíz y frijol, disponibilidad de agua y demanda de jornales.
  • Acordar umbrales de acción: vigilancia desde 5 días secos, verificación desde 11, preparación desde 16 y activación sectorial desde 21 días.
  • Diferenciar las respuestas: protección del consumo, protección de activos y recuperación productiva.
  • Incorporar mecanismos de quejas, protección y rendición de cuentas para evitar exclusiones.

En los próximos meses

  • Incorporar los tabulados completos del V Censo Agropecuario y I de Pesca 2025 cuando estén disponibles.
  • Actualizar la distribución de productores de subsistencia, agricultura de secano, riego, almacenamiento, autoconsumo y producción de patio.
  • Calibrar las tasas del modelo con evaluaciones reales de pérdidas, seguridad alimentaria y asistencia recibida.
  • Invertir en captación de agua, conservación de suelos, semillas adaptadas, bancos comunitarios de semillas, diversificación productiva y sistemas locales de alerta temprana.

Anticipar también es cuidar

Esta proyección no busca anunciar una catástrofe ni sustituir las evaluaciones de campo. Su valor consiste en mostrar dónde conviene mirar primero, qué familias pueden tener menos capacidad para enfrentar el impacto y qué información debe recogerse antes de tomar decisiones.

La acción anticipatoria comienza cuando los datos climáticos se conectan con la realidad de los hogares. No basta con saber cuántos días dejó de llover: necesitamos comprender qué ocurrió con la cosecha, el agua, los ingresos, las reservas y los activos que sostienen la vida familiar.

Actuar antes de que una familia agote sus alimentos, venda sus animales o pierda la semilla del próximo ciclo puede marcar la diferencia entre una crisis temporal y una pérdida prolongada de sus medios de vida.

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